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Beberse Oporto de un sorbo

by Paloma Gil

Beber vino no sólo es un placer, también es un arte. No todo es beberlo, sino disfrutarlo, sentirlo, olerlo, saborearlo y dejarse llevar por un sinfín de sentidos y sensaciones, que sólo el vino, un buen vino, puede regalar a un paladar que sepa apreciarlo.
Oporto es una ciudad, que como pocas, hace gala de tener un caldo magnífico y además uno de los más originales de todo el planeta. Un vino que toma su nombre de la propia ciudad. El oporto.
Sin embargo, esta ciudad portuguesa no se reduce únicamente al consumo del preciado licor, sino que lo enmarca en su “way of life”, es decir, en Oporto, la vida discurre a una velocidad distinta a la de cualquier otra ciudad Portuguesa, incluso europea. El ritmo de la vida es más lento, la gente se deja arrastrar por el tiempo en busca de un sentimiento de bienestar que lo envuelve a uno, aunque no quiera. Es la mezcla perfecta entre ese vino maravilloso, los famosos puentes de Oporto, su paisaje, las cafeterías, la tertulia, el ambiente universitario, las bodegas, las vidrieras… el modernismo. Simplemente: Es la bohemia.
Por eso quiero proponer un recorrido por la ciudad, siguiendo tres grandes temas: la arquitectura y el modernismo, la gastronomía y el vino.

El Modernismo de Oporto
Después de Lisboa, Oporto es la segunda ciudad de Portugal. No es demasiado grande, digamos que prácticamente se puede conocer andando, además pasear por sus calles es un placer infinito. Callejuelillas estrechas, viejos callejones misteriosos, en perfecta consonancia con señoriales barrios y elegantes mansiones. Es una ciudad decadente y maravillosa, cargada de nostalgia y con un aroma y un sabor tan propio que incluso con los ojos cerrados, sería inconfundible.
El Modernismo marca la línea general de la ciudad. En buena parte de su casco antiguo se pueden apreciar aspectos de esta corriente, tanto en el exterior de los edificios, como en el interior de algunas cafeterías e incluso en algunas tiendas. Mucho se puede decir de esta ciudad, pero siempre será poco en comparación con el torrente de emociones que pueden invadir a cualquier persona mientras pasea por uno de sus puentes a la luz de la luna o mientras se deja perder en el interior del Mercado do Bolhao en busca de productos típicos y quién sabe qué gratificantes sorpresas. Aunque por supuesto no todo es Modernismo, ni mucho menos. Hay diferentes estilos entremezclados y un buen número de edificios y lugares que merece la pena visitar.

Demos un breve paseo empezando por la Avenida de Los Aliados en pleno centro de la ciudad. La Cordoaria, donde podremos descubrir y aproximarnos al verdadero espíritu portuense. Muy cerca está el Campo de Mártires de la Patria, el Rectorado de la Universidad, el Palacio de Justicia o el Museo de la Fotografía. La Torre de los Clérigos, la Iglesia Do Carmo y a unos pasos de ésta, la famosa Biblioteca Lello, con su impresionante escalinata interior y una decoración modernista muy fuera de los común. De hecho, fue inspiración para la primera película de Harry Potter. El Mercado de Bolhao es también un punto de obligada visita, allí a parte del aspecto urbanístico o estético del entorno, es posible encontrar productos a muy buenos precios. Además, es el barrio más tradicional de la ciudad y sus cafeterías y bares son de lo más entrañable. En esta zona todos los productos son frescos, caseros y de primera calidad.

La mesa portuguesa
La gastronomía portuense está lógicamente influenciada por su cercanía con mar, aunque desde luego, no todos los platos llevan pescado. Lo que sí es cierto es que el bacalao es el rey de la mesa en Oporto y lo preparan de diversas formas: a la Gomes Sá, que es al horno con cebolla, a la Zé do Pipio, a la Joao do Buraco o a la Joa do Porto, cada uno con sus peculiaridades, pero eso sí, todos exquisitos.
Pero no sólo de bacalao vive el hombre, así que hay que hacer un “esfuerzo” y animarse a probar otros platos. Por ejemplo, la carne: orejas de cerdo con alubias o arroz de cabrito, porque en realidad el arroz es un plato bastante popular que se prepara muy a menudo y de formas muy variadas. Por ejemplo, el de cabidela, especialmente sabroso, con embutido y gallina… Sin embargo, típico, típico, es el plato llamado “tripas”. Su origen se remonta en el tiempo y hay varias leyendas que lo recogen.
Otro plato bastante original y muy recomendable es la Francesinha. La receta perfecta para recuperar las energías perdidas. Se prepara con pan, filete, longaniza, salchicha fresca y queso. Casi nada. Intenso, contundente y, lo más importante, delicioso. Normalmente todos los platos principales se suelen acompañar de patatas o de grelos. Que tampoco están mal.
Y para postre, la crema quemada, el arroz con leche y las torrijas. Sí, sé que suena a postre poco elegante, a poste de andar por casa, pero eso es lo que tiene la cocina portuense, que es muy casera y muy sencilla. Así que os invito a probarlo todo antes de sacar ninguna conclusión precipitada.

Oporto de bodega en bodega
Por último demos el paseo más gratificante de todos. El que nos llevará de la mano de los mejores vinos, primero para conocerlos, después para saber reconocerlos y finalmente, para saborearlos y disfrutarlos con todos nuestros sentidos. Un gran amigo y también colaborador de esta revista, Fernando Pastrano, domina este arte y ha sido un gran maestro para mí en estas lides. Reconocer un buen oporto es fundamental para poder disfrutarlo y no acabar bebiendo cualquier cosa, que incluso es posible que nos siente mal.
Comencemos recordando que Oporto está al norte del país, junto a la desembocadura del río Duero o Douro, en portugués, es un enclave perfecto para producción y cultivo de las uvas, que gracias al sol, adquieren un grado de madurez muy alto convirtiéndose en frutas extraordinariamente dulces, lo que permite conseguir ese vino tan especial. Porque el oporto es uno de los licores más dulces del mundo debido precisamente a su fermentación, lo cal también se traduce en muchos, muchos grados. Por lo que también hay que tener mucho cuidado al beberlo.
Normalmente son tintos, aunque también los hay blancos y rosados.

Pero hay que saber que este licor es muy dulce debido a la interrupción de su fermentación, lo que se traduce en muchos grados… así que cuidado al beberlo. Pueden ser blancos o rosados, pero lo más común, es el tinto. Entre los tintos, el rubí es más joven y el tawny es más maduro.
Para disfrutar al máximo de la experiencia de la ruta del Oporto, es necesario visitar algunas de las bodegas de la ciudad y sus alrededores, por ejemplo la Quinta do Seixo en Pinhao, lugar de nacimiento de las bodegas Sandeman y que destacan por el Oporto Fino Blanco o bien por el Selecto Reserva, así como por sus innovaciones en la coctelería con este licor. En Peso de Régua, está la Quinta da Pacheca, donde además es posible alojarse e incluso participar en una lagarada en septiembre, es decir, el ritual de pisar las uvas. En Guimaraes, la Casa Sezim, un alojamiento de estilo colonial en el que se sirve comida tradicional portuense y del que recomendamos el viño verde e producción propia. Por último, Vila Nova de Gaia las bodegas Taylor. Sus Select Reserv son fabulosos y también recomendamos los Oporto Vintage y los LBV.

Por último los vinos. Para los que debería haber un apartado especial porque son para nota. Dentro de los maravilloso oportos que todos conocemos, recomendamos especialmente los tawnys y los cócteles con oporto blanco, que son toda una novedad. Así como el maridaje de algunas bodegas entre vino y fruta, para lo que se organizan catas específicas… y es mojar unas fresas en chocolate y acompañarlas de vino dulce, no tiene descripción.
De Calé a Oporto
Al parecer, Cale, era uno de los argonautas griegos que acompañaban a Jasón en su búsqueda del vellocino de oro. Después de las aventuras en el mar, acabó arribando a esta costa casi por casualidad y se estableció allí fundando un importante enclave comercial al que pusieron el mismo nombre que el héroe griego.
Así Cale se convirtió en un pequeño asentamiento en la orilla izquierda del Douro, muy cerca de la desembocadura, pero como era un punto un tanto conflictivo para la navegación, los romanos, decidieron trasladarlo un poco más abajo, donde fuera posible construir un buen puerto.
Los Tripeiros portuenses
A los habitantes de Oporto, se les llama cariñosamente “Tripeiros” porque durante la preparación de la expedición que partió desde este lugar, para la conquista de Ceuta, en el año 1415, cada vecino aportó lo mejor que tenía a los valientes soldados que iban a luchar. Entre los enseres y alimentos donamos, iban todas las reservas e carne de la ciudad, de manera que a la población sólo le quedaron las tripas para alimentarse.
El planteamiento pudo parecer un tanto desagradable, pero las portueneses, rápidamente idearon un delicioso plato que se hacían precisamente con las tripas y con alubias, pero que en la actualidad se prepara con oreja, jamón, chorizo, ternera, pollo y algunas cosillas más que aporta cada uno a título personal.
Cuando los habitantes de otras ciudades tuvieron noticia de aquella hazaña, comenzaron a llamar a los portuenses, despectivamente tripeiros, mote que, lejos de ofender, ellos aceptaron con mucho orgullo y que mantienen hasta la actualidad.

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